sábado, 16 de enero de 2021

Categorización de los residuos tecnológicos: algunas consideraciones

Hoy día con la ilusión de la era digital se sostiene un consumismo de equipos electrónicos, dispositivos que representan una infinita gama de utilidades y a la vez una grosera cantidad de sus residuos: una realidad que está bajo la alfombra de la congestionada red mundial. En el apocalíptico año 2000 había 360 millones de usuarios de Internet en el mundo; en el año profético maya incrementó a 2,405 millones de cibernautas y para el recién terapéutico año 2020 somos cerca de 5 mil millones de internautas, según World Internet Users & Population Stats.

Cada día que pasa los dispositivos ofrecen velocidad infinita en las apps, pero a nivel físico tienen poca perdurabilidad; pues son fácilmente sustituibles por otros equipos con software mejorado en la transmisión de datos o en la resolución de imagen, esto es la -obsolescencia programada-, la expresión directa de la Ley de Moore. Gordon Moore fue un ingeniero, quien afirmó en 1965 que la aceleración del ritmo en la producción de chips, para las Tecnologías de la Informática se duplicaría cada 18 meses, facilitando un mayor almacenamiento de archivos.

Paralelo a esta capacidad se desarrolló la comunicación oblicua y asíncrona, por una agencia de inteligencia americana creando la red ARPANET (hoy internet) para el envío de datos, primero de texto y en 1992 fue diseñado el primer Smartphone con pantalla táctil e iconos. Todo giraba sobre la rueda para las industrias electro-informática hasta que, en el año 2002, una directiva legal en la Unión Europea, legisló disposiciones generales para el tratamiento adecuado de los Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE, o en inglés WEEE) responsabilizando a los fabricantes.

La causa principal es simple ¿De qué está hecho el Residuo Electrónico? Es una mezcla heterogénea de metales pesados ensamblados a unos plásticos que resultaron difíciles de separar; solamente por incineración a altas temperaturas o por disolución en agua con ácidos fuertes. La rápida adquisición provocó un caos: los RAEE se acumulaban rápidamente en los hogares, las oficinas, almacenes o en los basureros, lógicamente las asociaciones europeas de la metalurgia, eléctrica y electrónica, tales como ORGALIME, DIGITALEUROPE y TechAmerica Europe, se opusieron rotundamente, aduciendo que los gastos de recuperación y reciclaje de sus RAEE incrementaba los costos de sus productos manufacturados.

Además, la ley no sólo categorizó en una lista a los productos electrónicos (con chip), sino también a los equipos eléctricos (sin chip), puesto que complementó con la Directiva Europea RoHS, para que eventualmente desaparecieran del mercado aparatos que contenían Plomo (Pb), Cadmio (Cd), Cromo (Cr) y Mercurio (Hg), metales muy tóxicos que aparecen en lámparas, soldaduras, baterías y plásticos. 

Resulta sospechoso creer que los productores no previeran el tremendo problema de acumulación de RAEE más la contaminación ambiental que representa su disposición final en rellenos sanitarios. Por un lado, los distribuidores de los dispositivos incentivan frecuentemente la disminución de la brecha digital (no solo en Europa) y por otro, es bien conocido que la extracción de minerales es el sector económico que más produce emisiones CO2 contaminantes. 

En 2006, cuando el Parlamento Europeo revisó los avances de la ejecución de estas Directivas, descubrió que alrededor de 42 organizaciones conformaron WEEE Forum en la Unión Europea para reciclar RAEE. La recuperación de los componentes especialmente el cobre (Cu) y metales preciosos como oro (Au), plata (Ag), platino (Pt) incluso materiales reciclables como plástico o vidrio recuperados desde los RAEE se convirtió en un nicho económico muy redituable. A tal grado que la exportación-importación de los residuos tecnológicos es común desde los países desarrollados hacia países con economías emergentes de Asia, América del Sur y África.

Pero la transferencia de productos tóxicos y desechos peligrosos que contienen los RAEE (o Ewaste) es clasificada como contaminación fronteriza por los Acuerdos Ambientales Multilaterales (AAM) de Basilea, Estocolmo y Róterdam, en los que participan 188 países del mundo, menos EE.UU. y China. La unificación de estos AAM ha derivado en una agenda de trabajo acuñada como Gestión Ecológicamente Racional (GER), adoptar los mejores métodos de operación que limiten liberaciones peligrosas en el manejo y reciclaje de la basura tecnológica.

Como la problemática de acumulación y la transferencia de WEEE (E-waste) continua en el viejo continente, diversas organizaciones como Institutos de Investigación, Universidades, Empresas OEM (equipo original), Empresas de Reciclaje y algunas Secretarías o Ministerios del Medio Ambiente de los 27 países europeos se organizan en el Proyecto StEP para promover la GER, y en Suramérica la plataforma RELAC tiene un objetivo similar. 

Estas entidades tratan de unificar conceptos como los E-waste históricos, residuos que se desecharon antes de que entré en vigor una legislación sobre GER y; Ewaste huérfanos, residuo cuyo fabricante se desconoce o ya no existe al momento que se generan los gastos de gestión. Otros dos conceptos son el enfoque REP (Responsabilidad Extendida del Productor), que se trata directamente de las directivas europeas ya mencionadas líneas arriba; y el impuesto ARF (Tasa de Reciclaje Avanzado) es usado en EE.UU. 

Mientras en la jerga económica se denomina economía circular al valor agregado que generan los Desechos Electrónicos y a la recuperación de metales proveniente de la basura del Siglo XXI se le nombra Minería Urbana. Aunque realmente la practica dominante en torno al reciclaje de los residuos electrónicos se ejecuta en un sector conocido como chatarreros, personas quienes usan técnicas manuales de separación, donde suelen recuperar y comercializar los cables de cobre, el vidrio y el aluminio. Sin embargo, el discurso formal de reciclaje gira en contraposición a este trabajo, ya que evidencias académicas demostraron la intoxicación de varios chatarreros por dedicarse a esta labor (ver imagen).


El debate de la aplicación de la GER está en la dicotomía que representa la falta de reemplazo de diferentes metales para la producción de los RAEE, es decir, que no se pueden sustituir por otro metal porque no produce mayor conductividad (como el tantalio) o almacenamiento de energía (como el cadmio).

Por tanto, los distribuidores de servicios de red, las empresas de desarrollo de software, los comerciantes minoristas, los proveedores de Internet y las cámaras de comercio de las Industrias Electro-informática se adhieren a la visión académica de separar cuidadosamente los RAEE en forma manual (reciclaje inclusivo). Después acumular y exportar por Toneladas de residuos recuperables hacia países donde existen compañías que desintegran los residuos electrónicos bajo patentes de procesos de minería (Proceso Noranda, Umicore, etc), asegurando así la mayor retención de metales, finalmente reintroducirlos a las cadenas de valor global.

De tal forma, que la mayoría de legislaciones sobre el reciclaje de la chatarra electrónica en países latinoamericanos o africanos se formula como política pública dentro de los Residuos de Manejo Especial. Así los RAEE son reutilizables y reciclables, pero se evita convenientemente la ordenanza del diseño ecológico (REP y RoHS), un marketing socialmente responsable y la educación ambiental del consumidor.



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