Y
esta particularidad es una realidad concreta, el sector industrial es el líder
de consumo de energía a nivel mundial de petróleo (8.1 billones de barriles
diarios). De este total, el mayor país consumidor es China, este país ha
importado desde 2003, más de la mitad del petróleo que consume, asimismo ha
acumulado una capacidad industrial única.0
Un discurso que resulta sugerente -hagan como puedan con sus desechos-, básicamente porque China ya no quiere ser el gran importador de residuos reciclables.
Confirmando
que el dragón rojo muda a verde, buscando al 2030 una transición de
sistema energético de hidrocarburos, para basarse en fuentes renovables
(megawatts), como la eólica o la solar, que a día de hoy tiene una potencia
instalada de 33.8 % y 35 %, respectivamente.1
China pretende abandonar el perfil de “mayor emisor de dióxido de carbono en el planeta”, acción que ejecutó desde 2017 cuando envió a la Organización Internacional de Comercio (OMC), su notificación al Comité de obstáculos técnicos, prohibiendo desperdicios de escoria de hierro o acero, cenizas que contengan arsénico u otros metales, chatarra de plástico, desechos de lana y de fibras sintéticas y desperdicios de varios de textiles.3
Al
2021, once años más tarde de que estos países compraron a China todo tipo de
artículos, -y continúan adquiriendo- por supuesto, el gigante asiático aplica la
técnica de puño tornado con -los residuos de los productos chinos que la propia
China incentivó a comprar, también estimuló enviar a sus recicladoras, ya que a partir
de 2021 están vetados del país-.6
En
otras palabras, los ciudadanos de estos países somos clientes cautivos de la
doble mirada de la política ambiental de China; por un lado, los gobiernos
están obligados a cumplir con los convenios de comercio y sin chance de
reindustrializar los sectores afectados, por el acaparamiento del comercio
mundial.5
Y
por otro, en conformidad de NO aplicar “Responsabilidad Extendida del
Productor” en contravención a los Acuerdos Ambientales Multilaterales, como
los Convenios de Estocolmo y Rotterdam, porque China no es miembro-parte; quedándonos con todos los residuos que
la industria china manufacturó y -aun- comercializa en nuestros territorios.5
Pero
esta condición que aplica de manera tajante a finales de diciembre de 2020, casualmente
cuando el mundo aun no podía salir de la pandemia, y que a propósito brotó en
su territorio geográfico. ¿Será que el sendero luminoso del dragón rojo en
realidad no es tan verde? Sino que busca, más bien, que el origen de la
crisis pandémica no retorné a su procedencia original.




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